Opinión de Alejandra Scigliano en uniRSE.

“Tras permanecer una semana desaparecida, finalmente el cuerpo de la joven Micaela García fue encontrado en la localidad entrerriana de Gualeguay.”

Lo leo y un escalofrío corre por mi cuerpo… En momentos así uno ve vuelve egoísta, y piensa en las niñas y chicas jóvenes cercanas, en cómo cuidarlas y que sería de nosotros si les ocurre algo. Y no podemos dejar de pensar en que estará ocurriendo en la piel de esos padres.

Pero nos dura poco y de repente empieza a circular un supuesto comentario en un portal de internet, hecho por un supuesto animal que politiza y dice cosas que ni me atrevo a repetir. O estadísticas que dicen que en las redes hubo grupos oficialistas sacando rédito político de Micaela. Y entonces algunos, mueven el foco y vuelve esa dolorosa separación que persigue a nuestra sociedad desde hace un tiempo.

Vemos a nuestras niñas y jóvenes en manos de hombres… ¿Hombres? Que las violan y las matan, no sabemos aún si porque están enfermos o si lo hacen simplemente porque son malvados en inhumanos. Solo sabemos que despiertan en nosotros los más oscuros deseos de venganza.

Por otro lado, estamos todos en manos de algunos jueces a los cuales no les interesamos,  que no tienen ningún criterio y no dudan en dejar en libertad a un preso al cual se le comprobaron al menos dos violaciones. ¿Tiene eso explicación? ¿Tiene sentido? ¿No merecería ese juez un castigo ejemplar, al igual que el delincuente?

Y luego del dolor y la ira comenzamos a ver mezclado en todo este drama los comentarios políticos, nunca tan mal ubicados a mi entender.

Y eso es lo que no nos deja salir de este desastre, el no poder mantener el foco puesto en el lugar correcto. En este momento lo único que debería importarnos es que se haga justicia. Pero una justicia ejemplar para todos los que de una u otra forma fueron cómplices para que Micaela hoy este muerta.

Es imprescindible que el poder judicial, tan enquistado y retrógrado que “protege” nuestras vidas, cambie, crezca, evolucione. Que permita que nuestras niñas puedan circular por la calle sin terror. No hay atenuantes para un violador, no hay excusas, no hay justificativo, no hay excepciones, nada de nada. Presos, y que ningún juez puedea decidir su libertad sin que la sociedad toda sepa con quien está conviviendo.  Basta con proteger a los delicuentes del estigmatismo, basta de protegerlos de todo. Los que necesitamos protección, somos nosotros, las personas decentes y nuestras chicas.

Y cada uno de nosotros debemos poner el foco en defendernos, pero en paz. Unidos más allá de cualquier ideología. Porque en la terrible división que hoy tiene nuestro país, es donde se genera el caldo de cultivo para los inoperantes, sean jueces, policías o dirigentes. Todos esperan encontrar ese lugar en el que nuestra pelea interna nos deje más vulnerables, para que ellos hagan lo que más les conviene.

Miremos hacia adentro y luchemos por la justicia, por Micaela y por todas las chicas que sufren estas aberraciones. La solución está en hacerlo juntos.

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