Despabilada por el virus por Alejandra Scigliano

Hace tiempo que no escribo… Arrastrada por el día a día, el exceso de lectura de muchas cosas variadas, la concentración en mi trabajo y varias excusas hicieron que no desafíe a la hoja en blanco.
Pero el aislamiento, la crisis y todo lo que está sucediendo me llevaron por otros caminos en cuanto a mis pensamientos y a mi forma de analizar y ver lo que creo es la realidad. Digo “creo”, porque siento que estamos sumidos en situaciones que rozan el hilo delgado que divide esa realidad con la ciencia ficción.
Nunca imaginé estar sentada en este escritorio y por mi ventana ver pasar a mis vecinos con tapa boca, tampoco salir a hacer mis compras esenciales y tener esa sensación de que no quiero proximidad con el otro. Yo que soy abracera y besuquera, no puedo entender ese sentimiento. Pero sucede, y para mí al menos es inevitable.

Y como a la mayoría de los que estamos aislados, este tiempo nos invita a pensar  y a convivir con nosotros mismos más allá de quienes nos acompañen en el lugar donde estamos.

Y en el marco de esos pensamientos y  el análisis, son varias las cosas que se me cruzan y me invitan a la reflexión. Hoy voy a compartir tres temas, que desarrollaré en profundidad en semanas próximas.

Por un lado, cada día estoy más convencida que solo quienes durante la mayor parte de nuestra vida supimos cultivar nuestro espacio interior, saldremos sanos mentalmente y fortalecidos de todo esto. Para quienes no supieron, no quisieron o no pudieron crear redes de contención, amistades, pero sobre todo un amplio autoconocimiento, les será más difícil. Muchas veces con quien menos podemos convivir es con nosotros mismos y con nuestro interior.
Quien solo encuentra placer fuera de sí, está bastante complicado hoy en día y de la misma forma quien tiene su espacio interior habitado nunca se sentirá solo.
Esto, como siempre, presenta un gran desafío porque quizá sea el momento para muchos de comenzar a habitarse, de hacer aquello a lo  que siempre le pusimos excusa, a leer aquel libro que tenemos pendiente, o simplemente a mirar de otra manera y valorar.

Otro tema que  pienso cada día de esta situación, es cuan manejables somos los humanos y cuan fáciles de convencer de lo que creemos necesitar. Si analizamos cada uno su vida, seguramente podrá hacer historia de cada cosa que haya comprado  y que hoy tiene a su alrededor, cada producto tuvo su momento de “lo necesito”. Pero cuántos de esas cosas que tenemos alrededor, son imprescindibles para vivir? ¿Cuántos nos dan felicidad en un momento como este?
Los invito a recorrer sus lugares y hacer un paneo simple y recordar que generó la necesidad de algunas de las cosas que tienen cerca. Seguramente hay muchas que son muy útiles e imprescindibles, pero también es muy probable que  haya muchas otras que ni recuerdan tenerlas, si es así, casi seguro que no las necesitan.
Mientras escribo esto consulto a alguien muy querido, que “colecciona” zapatos y le pregunto cuántos pares tiene y cuántos necesita en este momento. Me dijo, “tengo aproximadamente 40 pares y en este período solo utilizo cuatro”, obvio que eso es porque solo está en su casa. Pero cuántos más podrá necesitar si comienza a salir? Ella sin que yo le dijera nada, me comentó que este tiempo le sirvió para darse cuenta que necesita muy poco y que está convencida que cuando pueda, se va a quedar solo con los indispensables y el resto lo regalará a quienes puedan necesitarlos más. “Lo mismo con mi ropa”, dijo… Entonces, cuánto de lo que tenemos necesitamos?
Leemos en muchos medios, que la economía está en una crisis más profunda porque solo consumimos productos esenciales… Yo creo que hay muchas cosas que no son esenciales  y que nos hacen felices, ir a pasear, una obra de teatro, un recital, comprar un libro, lo necesario para vestirnos; claro que sí. Pero la crisis económica es más profunda porque durante décadas creímos necesitar los productos que las marcas dicen que debemos comprar para ser felices y sentir placer.
Hoy tenemos la oportunidad de mirarnos y entender cuáles son las cosas que necesitamos para ser felices y saber que los únicos que podemos decidir somos nosotros mismos. No hace falta que nos convenzan, somos capaces de tomar esas decisiones, sin ninguna duda. Recalibrar nuestra tabla de valores y prioridades, creo  que es la clave.

Y el último tema sobre el que quiero reflexionar hoy, son los medios. En realidad más específicamente los periodistas. Como comunicadores tenemos la gran responsabilidad de brindar herramientas, a través de la información y las noticias, para que quienes nos escuchan o nos leen puedan discernir y tomar decisiones.  Ser periodista es un poco ser docente, pensando en esto de brindar instrumentos para el saber o conocer.
Entonces, si desde ese lugar elaboramos las noticias abriendo juicios de valor, direccionando y sobre todo siendo las estrellas del momento, hay algo que está mal.
El periodista no es el protagonista de la noticia, definitivamente. Pero hoy en la mayoría de los  medios masivos, sobre todo la TV, solo tenemos figuras a las cuales poco les importa ser alguien al servicio del otro, todos quieren ser famosos y los medios los ayudan a eso.
Bueno, este también es un momento para bajarse del ego y entender que la única alternativa es la colaboración, es correrse de ese lugar de “estrella”.
Afortunadamente hay una generación que ya no ve ni escucha los medios tradicionales que hicieron un gran negocio de las noticias y donde cada nuevo rostro que aparece, se transforma en dueño de la verdad.
Todos tenemos a mano diferentes canales para informarnos y aprender.  En torno a este tema, espero que desde casa cada uno comience a poder filtrar la información, no saturarse,  buscar medios alternativos que lleven información confiable con consignas que nos permitan pensar. Es mi deseo que cuando esto pase,  los medios argentinos y las empresas que los apoyan,  hayan madurado y entendido que su trabajo quedó  exceptuado  de la cuarentena obligatoria , por ser una actividad esencial. Es muy importante que tanto periodistas, medios y empresas dimensiones esto.  Porque no es la persona la que es imprescindible, es la comunicación como sustantivo colectivo.

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2 Respuesta to " Despabilada por el virus por Alejandra Scigliano "

  1. Muy buena reflexión!!! Ojalá los periodistas y comunicadores informen y dejen de ser opinó logos por qué deforman la información.
    Y el consumismo por consumir sin necesidad básica, cómo dice tan bien la nota de Alejandra, nos ha demostrado que se puede prescindir por qué no aporta a la felicidad ni a la paz interior!
    Gracias por tus palabras Alejandra.
    Afectuoso saludo!

  2. Pato Sclocco dice:

    Excelentes reflexiones! Mi camino interior, el consumo responsable y la comunicacion responsables. Tres de los pilares esenciales de La Buena Vida! Coincido totalmente! Beso grande

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